domingo, 13 de agosto de 2017

Día de descanso: caminatas, mates y un huemul!

By Sole

2 de enero 2016

Habiéndonos acostado temprano a las 7 de la mañana estábamos levantados y a las 7:30 horas desayunando. Al mirar por el gran ventanal del comedor notamos que seguía nublado con garúa y mucho viento. Con esto se confirmaba que el día iba a ser de “descanso”… una forma de decir, descanso a nuestro estilo.

Cuando salimos sentimos la ráfagas de viento que habíamos escuchado y visto sacudir los árboles a través de la ventana. Fuimos caminando hacia la seccional de guardaparques donde además de recibir información (la excelente predisposición y pasión de los guardaparques es admirable) recorrimos las instalaciones donde había maquetas con los cerros y senderos, e infografías de la flora y fauna de la zona y de las principales escaladas del Fitz Roy y el Torre. En el exterior estaba armado un pequeño jardín con ejemplares de la flora local y carteles informativos sobre la misma.




Aprovechamos para preguntar por el sendero que iba al glaciar y laguna Piedras Blancas, informándonos que era muy peligroso y que lo habían cerrado el año anterior tras que dos persona murieran al ser arrastradas por el río. Información que después corroboramos en Internet en publicaciones de diarios. 

Como ya no garuaba iniciamos la actividad del día tomando el sendero del Mirador de los Cóndores. Si bien el recorrido es corto, al inicio hay un ascenso bastante pronunciado hasta llegar a una bifurcación donde se continúa por  terreno plano, culminando en una gran formación rocosa: el mirador. Aunque no vimos ningún cóndor, tuvimos una linda vista panorámica del pueblo.


Inicio de la senda a metros de la seccional de guardaparques

Derecha o izquierda???

El pueblo desde el mirador

Cuando volvimos a la bifurcación, en lugar de bajar tomamos el sendero que iba hacia el Mirador de las Águilas (el cartel indicaba 30 minutos a partir de ahí). Tras recorrer unos cientos de metros de terreno plano llegamos al mirador propiamente dicho. Desde ese lugar se puede ascender unos metros más entre rocas para tener una mejor vista. De más está decir que hacia ahí fuimos; realmente la panorámica del pueblo, la ruta, el lago Viedma con pequeños témpanos de hielo flotando… e imagino que del Fitz Roy (si hubiese estado despajado) valió la pena el pequeño esfuerzo en llegar hasta ahí. Una vista que no tiene desperdicios!






Lago Viedma

Buscamos entre las rocas un rinconcito protegido del viento, y nos sentamos a ver el paisaje mientras picamos un poco de crocante de maní y almendras. Disfrutar de estos momentos sin tener el apuro de llegar a algún lado forma parte de lo que llamamos “descansar”.

Cuando regresamos al pueblo compramos los tickets del transfer que al día siguiente nos iba a llevar al campo Los Huemules (Ida: 9:30 hs desde El Chaltén; Regreso: 16:45 hs desde la estancia -$160 cada tramo-). Ya teníamos organizado el siguiente día!

El tiempo había mejorado notablemente. No llovía y el cielo se estaba despejando. Cargamos el mate, y salimos hacia “El Chorrillo del salto”, una cascada ubicada a unos 3 km del pueblo. Tardamos bastante en salir hasta la ruta porque hicimos un par de paradas en el medio incluyendo el supermercado para comprar algo de fiambre, un par de negocios de artesanías y la casa de alfajores artesanales “El Chalteño” a la cual nos prometimos volver más tarde.

Tras salir del pueblo, caminamos 2 km por la ruta de ripio que va hacia el lago del Desierto. Fueron los más duros de todo el recorrido por la pendiente ascendente –leve pero pendiente al fin- y las fuertes ráfagas de viento en contra. Duro de remontar!




El último kilómetro era por un sendero peatonal que discurría entre vegetación hasta llegar al estacionamiento de autos; unos 500 metros más adelante se encontraba el Chorrillo del Salto, una sucesión de cascadas del río Salto cayendo. Justamente en el lugar donde terminaba el camino había mucha más gente que la deseable. Es bastante esperable este gentío desde el momento que se puede llegar en el auto hasta el parking y sólo requiere el “esfuerzo” de caminar 500 metros por terreno plano. Parecía la playa Bristol en enero… gente por todos lados con sus sillas de playas, heladeritas portátiles y equipos de mates.


Sendero apto todo público

Fóbicamente huimos del lugar... A uno de los lados del chorrillo había una gran formación rocosa a la que se podía subir “salvajemente” sin seguir ningún sendero bien delimitado como estamos acostumbrados. Fuimos ascendiendo instintivamente, a veces avanzando y otras retrocediendo cuando se nos acaba el camino, siguiendo las zonas desgastadas y desmalezadas del terreno producto de la circulación de otros que había pasado antes que nosotros. Una vez más, el esfuerzo valió la pena y fue recompensado con silencio y una vista privilegiada de la cascada. Nos sentamos en una piedra solitaria donde preparamos los sándwiches con el jamón y queso que habíamos comprado en el camino, almorzamos, y tomamos unos mates en medio de un tiempo absolutamente cambiante que incluyó sol, viento, garúa, frío y calor. Nos pusimos y sacamos las camperas, guantes y el buff no se cuantas veces!!!





No les puedo decir lo que era la “playita” cuando bajamos; la gente ya estaba aglomerada, uno encima de otro. Sacamos una foto y volvimos a escapar, recuperando una vez más la tranquilidad en el sendero. Ya en la ruta, el viento había amainado y el calor se comenzaba a sentir aunque no lo suficiente como para sacarnos las camperas.


A caminar!!!

Pasamos junto al cartel que indicaba “Zona de Huemules” y la prohibición de traspasar ese punto con perros. No faltó el comentario de que la próxima íbamos a traer a Raulito (el bulldog francés negro que nos gustaría tener pero no tenemos) a jugar con el huemul. No pasaron 5 minutos de esto vemos varios autos y personas en la ruta mirando algo. Dijimos “habrá un cóndor?”. Un muchacho nos hizo señas para que nos apuráramos y fuésemos hacia ahí –en la misma dirección en la que estábamos yendo-. “Qué hay?” le preguntamos cuando íbamos acercándonos, recibiendo la respuesta menos esperada “Un huemul”. WTF? Efectivamente al costado de la ruta, entre los árboles había un huemul hembra. Con cierta curiosidad nos miró, se escondió parcialmente detrás de un árbol, y fue subiendo lentamente por la pendiente haciendo pequeñas paradas para observarnos mientras se alejaba. Unos minutos después terminó desapareciendo en el bosque.


Huemul hembra I

Huemul hembra II

No lo podíamos creer!!! Pensábamos que los huemules eran un mito; de hecho el día anterior le había preguntado a mi wikipedia andante –o sea Seba- si alguien alguna vez había visto uno de estos animales en la zona. Según su lectura previa al viaje había muy pocos, pero en un blog había leído de una pareja había visto uno cerca del río Eléctrico. En la exposición que había en el edificio de guardaparques esa mañana habíamos visto un par de fotos de avistamientos de los últimos años, y la advertencia de avisar si se llegaba a ver alguno en la zona.

El día oscuro y lluvioso que no prometía nada, se estaba transformando en un día increíble!!! Estábamos más que felices con la oportunidad que habíamos tenido de ver un ejemplar de esa especie en peligro de extinción. Con toda la excitación producto de la situación nos fuimos hacia la oficina de guardaparques donde ya se habían enterado que había un huemul cerca de la ruta porque un remisero había avisado unos minutos atrás. Pero nosotros teníamos la primicia de las fotos!!! Muy amablemente nos hicieron pasar a una oficina donde bajaron las imágenes a una computadora, y llenamos una planilla con la información del avistamiento. El guardaparques confirmó lo que pensábamos: se trataba de una hembra. Aprovechando la oportunidad nos mostró la foto de otra hembra vista cerca de la laguna del Pato, y nos contó que se estaba filmando un documental sobre este animal y que el equipo de filmación había logrado ver cuatro ejemplares. Cuando salimos ya había terminado el horario de atención al público –estaban esperando que nos fuéramos de ahí-.

Al final, el día de “descanso” había sido bastante movido, y con unos cuantos kilómetros de caminata. Merecíamos unos mates con facturas de nuestra panadería favorita, que una vez más no nos decepcionó. Siguiendo con la glotonería también pasamos por la casa de alfajores donde compramos unos deliciosos recuerdos del lugar para llevar a casa y a familiares cercanos.

Otra vez apenas el reloj marcó las 8 de la noche, estábamos listos para cenar. Esa noche nos tocó “Ahonikenk”, una casita de madera acogedora con una decoración muy particular que incluía recortes de revistas viejas, billetes argentinos antiguos y de otras partes del mundo, camisetas y banderines de equipos de fútbol, y algunas antigüedades por mencionar algo. Rápidamente se fue llenando hasta no quedar ningún lugar libre. Adaptado a los comensales, que este caso incluía hasta indios, el menú estaba en castellano e inglés. Pedimos una cazuela de cordero, canelones de verdura y queso con salsa de tomates, agua y cerveza. Mientras esperábamos los platos entretuvimos el estómago con pancitos y tostadas con un escabeche de lentejas, en medio de un desfile de platos de muy buen aspecto y un delicioso olor a pizza. Finalmente llegó nuestra comida que estuvo muy sabrosa.




Esta vez no estábamos tan cansados, así que antes de ir a dormir aprovechamos para escribir y leer un rato completando de esta manera el "día de descanso".

Ir a la senda Fitz Roy/ Ir a Los Huemules

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